A sangre fria

24.08.2009 17:58

Al pie de la escalera, el señor Clutter encendió las luces del pasillo de arriba y mientras subíamos dijo: “No comprendo por qué hacéis esto. Yo jamás os hice daño. Ni siquiera os he visto nunca.” Entonces fue cuando Dick le dijo: “¡A callar! Cuando queramos que hable, se lo diremos.” En el pasillo de arriba no había nadie y todas las puertas estaban cerradas. El señor Clutter señaló las habitaciones donde el hijo y la hija dormían y luego abrió la puerta de la habitación de su esposa. Encendió la lamparita que había visto junto a la cama y le dijo: “No tengas miedo, cariño. Todo va bien. Estos hombres sólo quieren dinero.” Era una mujer delgada, frágil, con un camisón blanco. En el instante en que abrió los ojos comenzó a llorar”.

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